Cuerpos extraordinarios, horrores extrabinarios
- Fabian Giménez Gatto (2024)
- 16 ene
- 1 Min. de lectura
Actualizado: 26 ene

1.
La gestión biomédica de la intersexualidad, así como buena parte de sus formaciones discursivas y sus representaciones en la cultura visual contemporánea, están enmarcadas por el paradigma de la diferencia sexual, el modelo de los dos sexos, el sistema binario sexo/género, el diadismo obligatorio, en suma, por un humanismo endosexista (la creencia en que lo humano se agota en las categorías hombre/mujer) funcionando como tecnología de género. En pocas palabras, podríamos definir al humanismo endosexista como un sistema de opresión, un dispositivo biopolítico, una formación discursiva y un proyecto colonial que privilegia a las personas endosex (aquellas cuyos cuerpos encajan en las definiciones biomédicas de lo masculino o lo femenino) sobre las personas intersex (aquellas cuyas características sexuales innatas varían con respecto a las definiciones biomédicas de lo masculino y de lo femenino), negándole a estas últimas su humanidad. Es más, la propia noción de tecnología de género —tal y como es formulada por Teresa de Lauretis— parece incapaz de dar cuenta de la inconmensurabilidad propia de los procesos de corporización intersex, donde ciertos cuerpos no binarios y las categorías dicotómicas de la diferencia sexual colapsan en un diferendo —para much*s de nosotr*s— irreconciliable.
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